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Acercamiento a las autolesiones. Testimonio.

Hace unos días escribía en Instagram en relación a las autolesiones. He pensado que una forma adecuada de acercarnos a comprender lo que sucede en los adolescentes que llevan a cabo estas conductas, es directamente leer el testimonio de alguno de ellos.

A continuación os dejo un testimonio anónimo:

Hubo un periodo de mi vida en que no podía más, todo me sobrepasaba, todo me venía grande, me sentía muy perdida, no encajaba en ningún sitio, se me descontrolaba todo, veía que se me iba de las manos. Mis emociones me desbordaban, no podía sentir, y la única manera que tuve para expresar ese malestar fue mediante las autolesiones. Esa era la única manera que yo tenía para sentir, para conectar con el mundo, con la realidad.

Cuando me sentía mal tenía que castigarme, y así aprendí a liberarme de la culpa. Empecé primero dándome golpes, cuando estos no fueron suficientes, tuve que buscar algo más fuerte, pasé así de los golpes, a los cortes, y de estos a las quemaduras; de ahí que parte de mi cuerpo ahora esté quemado. Aún guardo esas cicatrices a día de hoy como recuerdo de esta mala etapa de mi vida. Ahora digo que yo viví una guerra: “mi propia guerra”.

Si nos hacemos daño es porque nos llegamos a sentir tan mal con nosotras mismas que no aguantamos más ese sentimiento de culpabilidad, ¡y tenemos que castigarnos! Necesitamos un “break”, un respiro, un alivio de ese malestar con el que lidiamos cada día de nuestra vida. En nuestra cabeza no paran de bombardearnos mensajes tales como: “no me lo merezco”; “eres una mala persona” y cosas similares; incluso llegamos a pensar que merecemos ser castigadas, o que nos merecemos todo lo malo que nos está pasando, o incluso que no nos merecemos que nos pasen cosas bonitas, o que nos traten bien.

Todo esto, más una baja autoestima; porque nadie que tenga una buena autoestima es capaz de auto-infringirse daño hacia una misma; es decir, ninguna persona que tenga una buena imagen de sí misma; o que se quiera y se acepte tal y como es, no se llega a hacer esto.

También utilizamos la autolesión, como ya comenté anteriormente, como método de evasión, como distracción, para evadirnos de nuestro malestar emocional… es decir, que preferimos sentir el dolor físico (la autolesión, ya sean golpes, cortes, etc.), antes que seguir sintiendo ese dolor emocional que tanto nos supera. Es como nuestra válvula de escape.

Pero también está el otro lado, que se haya perdido la capacidad de sentir… es decir, que estás tan en tu mundo, que ya “ni sientes ni padeces”, y llegas a un punto en que tienes tal necesidad de sentir algo, que cualquier cosa te sirve. Necesitas algo que te conecte con la realidad, que te haga sentir, ya da igual lo que te produzca en sí, si es malo o bueno, pero necesitas sentir algo. Estás como muerto, no tienes sentimientos. “La mujer de hielo” me decían. Te dicen “blanco”, pues “blanco”; “negro”, pues “negro”. Como dice la expresión catalana: “Te da igual ocho, que ochenta”. Llega un punto en tu vida que te da igual todo. Quizás es porque estás tocando fondo en esos momentos. Es tanta tu necesidad de sentir, que haces cualquier cosa llegando a utilizar la autolesión, para hacerte sentir algo; al menos que estás “viva”, que tienes sentimientos… que de la otra forma estás muy “ida”.

A día de hoy, estoy totalmente recuperada en cuanto al tema de las autolesiones. Me manejo estupendamente con mis sentimientos, sé identificar qué siento y por qué siento lo que siento, y también me enseñaron que negar los sentimientos no es bueno. Si algo no me gusta, lo digo. Es mejor expresarlo verbalmente que no mediante mi cuerpo, o alguna otra conducta patológica de las que están en la orden del día. Si tengo que chillar, chillo; si me enojo, pues me enojo, y no pasa nada; si estoy contenta, lo muestro; si tengo que llorar, lo hago; pero ya no me callo ningún sentimiento, porque tapar sentimientos no es nada bueno y se paga un precio muy alto.

También me ayudó mucho para parar esta etapa el ponerme firme conmigo misma, y ver que no podía seguir así. Yo misma me dije un día: “hasta aquí hemos llegado”; y “esto se acabó”, porque ya había llegado un punto en que ya no podía hacerme más daño. No tenía sitio ya donde poderme quemar más. En urgencias ya me conocían. Tenía que acudir a que me curasen las quemaduras que se me complicaban. Ahí ya empecé a tomar conciencia de que eso no podía continuar así. También porque, de vez en cuando, iba recibiendo algún que otro toque del exterior por parte de mi padre, que se puso duro conmigo, y me puso los puntos sobre las “íes”; en aquel momento lo odié, pero ahora veo que fue muy necesario. No desearía nunca tenerme que ver en su lugar. Y él aún siempre me recuerda “que Dios no te de una hija que se haga daño como tú, porque sabrás lo que es sufrir…”, ahora, con la cabeza más lúcida, empiezo entender muchos de sus comportamientos, que por aquel entonces odié y maldije.

Lo que más importa es una buena terapia individual, un buen profesional que te escuche, que te comprenda, que te apoye, que le tengas confianza, que no le tengas que mentir, que confíes en él, y que confíe sobre todo en ti, porque si no confían en ti… no tienes nada que hacer. Sobre todo, esto, que confíen en tu recuperación.

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Miedos evolutivos

En las distintas etapas de la infancia es habitual que aparezcan los miedos que se ven reflejados en la imagen. Ante estas situaciones, los más pequeños experimentan emociones fuertes y desagradables que pueden generar un gran malestar.

Debemos tener muy claro que el miedo cumple una función adaptativa, es decir, nos avisa de algo que está sucediendo para ayudarnos a prevenir peligros y ponernos a salvo. El miedo es una emoción útil para la supervivencia y ayuda a reaccionar de forma rápida ante una situación peligrosa. Por tanto, es normal sentir estas sensaciones a lo largo del desarrollo. Cuando esta emoción aparece, podemos sentir reacciones a varios niveles:

  • Reacciones fisiológicas. Nuestro cuerpo sufre cambios para combatir el peligro. Por ejemplo, tensión muscular, taquicardia, sudoración, sequedad de boca… Todo ello, busca que nuestro corazón bombee más sangre y que podamos disponer de más oxígeno.
  • Reacciones comportamentales. Ante una situación que nos provoca miedo pueden ocurrir dos patrones de conducta: evitar la situación, huyendo, o entrada en estado de shock.
  • Reacciones cognitivas. Son los pensamientos y las interpretaciones que hacemos de la situación (sentimiento de incompetencia, pensamientos negativos, sensaciones de peligro…).

Los miedos empiezan a ser un problema cuando se cronifican, cuando no se solucionan dentro de la etapa vital correspondiente y dejan de ser transitorios, alargándose y volviéndose permanentes e incontrolables.

¿Qué podemos hacer para ayudar a los niños cuando sienten estos miedos?

? En primer lugar, es importante normalizarlo, evitar la crítica, castigarle o ridiculizarle por lo que está sintiendo. Debemos comprender que las sensaciones son intensas para ellos. Crear un ambiente general de seguridad hará que se sienta cómodo para hablar de ello y conseguir un mayor autocontrol.

? Encontrar el punto intermedio entre ni sobrerreaccionar ni minimizar el problema puede ser complejo. Si en el momento actuamos de forma intensa y ansiosa dejamos de transmitir la seguridad y protección que necesitan. En cambio, si minimizamos su problema y restamos importancia, puede que no se sientan comprendidos. Debemos mantener un clima de tranquilidad, con firmeza.

? Reforzar positivamente cada avance y acercamiento a superar su miedo. Ante mínimas exposiciones debemos elogiar y crear un ambiente gratificante que potencie su sensación de control y su confianza. Es importante que encuentre oportunidades donde tener experiencias de éxito.

? Actuar como modelo de una forma dinámica y enseñarle como tú te enfrentas a tus miedos puede servirles de ayuda.

? No obligar a enfrentarse de forma invasiva a la situación que provoca temor. La coacción o los castigos le alejan de la tranquilidad que debe tener y pueden provocar un efecto contrario, de desamparo y exceso de ansiedad.

Fuentes: Marks, 1990a; Echeburúa, 2000; Méndez, 2000.

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Dependencia emocional, ¿qué es y cómo acercarnos a una relación sana?

¿Qué es la dependencia emocional? ¿Todos la tenemos en una relación? ¿Pueden ser dependientes ambos miembros de la pareja? ¿Es sano sentir dependencia?

Me gustaría ir resolviendo estas dudas que me habéis planteado a lo largo de estos días sobre la dependencia emocional. Primero dejar claro que todos los individuos somos seres sociables, lo que indica la necesidad de contacto con los otros y de interacción. Es por este motivo, por el que en muchas ocasiones a lo largo de nuestra vida seremos personas que dependerán de otras. ¿Será la dependencia mala en todo momento? No. Ser dependiente en algunos momentos es incluso necesario. Pongamos el ejemplo de un bebé o un niño pequeño. En este caso, vemos muy claro que desde el inicio de nuestra vida dependemos de una persona externa para sobrevivir.

Vamos a diferenciar entre dos tipos de dependencia:

? ??????????? ????????. Esta dependencia se da en las relaciones en la que una persona, depende de otra. Volviendo al ejemplo anterior, esta es la relación que se establece entre padres e hijos pequeños, en la que los adultos proveen de los cuidados necesarios para la supervivencia y desarrollo de los menores.

? ??????????? ??????????. Es la característica que tienen las relaciones sanas y equilibradas entre adultos (tanto en el ámbito sentimental como en planos sociales). En ella, ????? miembros reciben y dan de forma equitativa, se respetan, se cuidan y se apoyan.

La dependencia vertical en la edad adulta dentro de las relaciones sentimentales o de amistad indicaría la falta de igualdad dentro de la relación, una relación asimétrica. Existe una persona que ofrece esos cuidados con la finalidad de mantener dicha relación, mientras otra los acoge como forma de satisfacer sus necesidades.

Podríamos decir que estando en una relación de dependencia “dejas de ser tú” para ser un poco más como desea la otra persona, cuando tu felicidad, depende de ella. Observamos frases del tipo: “te necesito”; “no puedo vivir sin ti”; “lo haría todo por ti”.

Este tipo de dependencia tiene varias características:

Idealizar a la otra persona. Se comete un tipo de error cognitivo en el que se maximizan sus cualidades sin prestar atención a los puntos débiles.

Temor a la ruptura y ansiedad ante la soledad. Habituarse a formar parte de un conjunto de una forma extrema y perdiendo la individualidad hace que sintamos pánico a esa pérdida y evitemos encontrarnos con nosotros mismos.

Se generan dinámicas tóxicas. Las personas dependientes viven su vida pre stando extremada atención a la opinión de la otra persona, y adaptando su comportamiento a lo que el otro espera o solicita. Esto tiende a crear dinámicas tóxicas en la relación (control, alteración de amor-odio…).

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¿Qué encontraréis en el blog?

¡Bienvenidos y bienvenidas a mi blog!

Hace un par de meses que empezó mi andadura por esto de las redes sociales, abriendo una nueva cuenta de Instagram donde poder compartir con todos vosotros mi experiencia. La finalidad de este espacio es precisamente poder hablar y reflexionar sobre diversos temas relacionados con la psicología y la salud mental.

Mi labor como psicóloga es comprender la totalidad de la situación que plantean las distintas personas, para analizar con interés las dinámicas existentes y llegar a la comprensión de dónde sucede, cuándo, y por qué se mantienen las situaciones que causan malestar. Una vez identificado y contextualizado el problema generaremos juntos las posibles explicaciones de su mantenimiento, estableciendo una serie de objetivos realistas (a corto, medio y largo plazo). Para llegar a una mejoría, aplicaremos las técnicas psicológicas avaladas y necesarias que permitan un mejor afrontamiento.

Decidí dedicarme a la psicología desde que era adolescente. Siempre me he sentido muy cerca de las personas que me rodeaban sintiendo una gran curiosidad por el comportamiento humano y las emociones. Sin duda, lo que finalmente determinó mi decisión fue el deseo de seguir los pasos de mis padres, que de una forma u otra y con los recursos con los que contaban, siempre han buscado ayudar a las personas de su entorno.

Me encantaría poder acercar un poquito más la psicología a todos los lectores y unirme al mundo de la divulgación psicológica.

¡Espero que lo disfrutéis!